Tras las huellas de Jesús

Sábado, 7 Septiembre 2019 - 10:45am

Piura en Línea.- (Por Fray Héctor Herrera O.P.) Jesús camina con una gran multitud y les dice: “Si alguno viene a mí y no me ama más que a su padre y su madre, a su mujer y a sus hijos, a sus hermanos y hermanas, y hasta su propia vida, no puede ser mi discípulo” (v.26). Se trata de una elección libre y por amor. Fidelidad y entrega para seguir tras las huellas del maestro.

Ser seguidor de Jesús, es amarlo totalmente, desprenderse de todo para seguirlo. Él camina resueltamente a Jerusalén, sabiendo que le espera la muerte.

“Quien no carga con su cruz y me sigue no puede ser mi discípulo” (v.27) Ese amor profundo insertándose en la vida del pueblo, como lo hicieron los sacerdotes Miguel Company, Bernardo Smith y Sandro Dordi, este último por su amor a Cristo y a los pobres, le quitaron la vida, decía: “Mi compromiso con Cristo y los pobres, aún a riesgo de mi vida”. Seguir a Jesús, tomando su cruz nos cuesta, nos asusta. Ir tras las huellas del Maestro supone coherencia de vida, valentía. No buscar el arribismo, el tener más para dominar al otro.

El seguimiento a Jesús es amor, entrega, abandonarnos en sus manos y ser conscientes que todo lo que hagamos lo hacemos en su nombre. Porque el camino de la cruz nos lleva a la libertad, a saber, respetar y acoger a las personas como hermanos, como lo exige Pablo a Filemón: “Trata a Onésimo no como esclavo, sino como hermano muy querido. Quiérelo como yo, porque tú eres cristiano” (Fil 9,16.20)

El seguimiento a Jesús nos exige despojarnos de todo, aún renunciar al mundo familiar, social, económico y cultural. A todo aquello que nos ate y no nos deje la libertad para asumir todo lo que Jesús hizo por amor. El seguimiento es radical, no podemos servir a dos señores a Dios y al dinero (Mt 6,24; Lc 16,13). “Lo mismo cualquiera de ustedes: quien no renuncie a sus bienes, no puede ser mi discípulo” (v.33). Quien está apegado a lo material, no puede ser mi discípulo.

Ser discípulo de Jesús significa ser constante y no volverse atrás, pese a las dificultades, aún dentro de la misma comunidad cristiana. Es poner cimientos profundos de fe, acoger su Palabra de vida para proclamar y defender la dignidad de toda persona, buscar la justicia como fruto del amor y de la reconciliación, ser portadores de paz en un mundo violento que no respeta la dignidad ni los derechos humanos. Es contemplar a Dios en el rostro de los hermanos pobres.

Es acercarnos al otro como hermano y hermana. Todo esto significa amor y respeto por la persona. Tener espíritu de donación y gratuidad, que todo viene de Aquel Dios compasivo y misericordioso que exige nuestra respuesta.

Es construir una persona nueva en nosotros, con un espíritu nuevo: orar, ver con ojos de fe la realidad, reflexionar y actuar, en el corazón del hogar y de la sociedad. Es allí donde somos como los constructores de una torre, que sabremos calcular bien como contribuir en la formación de los hijos, alumnos, profesionales. Honestidad, transparencia, propuestas claras y realistas, diálogo, mejor calidad de alternativas de vida y práctica de la Palabra de vida de Jesús nos harán verdaderos discípulos de Aquel que entregó su vida por nosotros. (Fr. Héctor Herrera, O.P.)

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